Un silencio, sepulcral casi, se impone a nuestro alrededor. Cuando emergemos, los sonidos llegan de nuevo a nuestros oídos. A veces son bien recibidos, pues un silencio tan contundente suele ser temido y respetado. Pero otras, es anhelado con ganas. Allí no hay gritos, ni llantos ni risas, no hay nada... sólo silencio, sólo paz. Hasta los pensamientos molestan, hasta ellos parecen tener un volumen excesivamente alto. Y dejas de pensar y permites que los suaves movimientos del agua mezan tu cuerpo. El mundo que te rodea ha desaparecido, sólo estás tú y el agua que te envuelve en un fresco abrazo, sin olvidar ni un sólo rincón de tu cuerpo. La velocidad de la vida se minimiza, casi se podría decir que desaparece, si no fuera porque repentinamente se sienten unas terribles ganas de respirar aire fresco. Pero volver a la superficie a veces impone, porque la vida, que parecía que se había tomado una pausa mientras estabas bajo el agua, recupera a toda velocidad su ritmo. Y nos vemos obligados a unirnos a ella, separándonos del lugar que tanta quietud ha transmitido. Pero uno no se acaba de ir del todo. No siempre se puede encontrar un lugar que te conceda una tregua de la vida.
Por Eurkálime Nâzkay

Será el reflejo de inmersión de los mamíferos, o será algo más ;)
ResponderEliminarhttp://es.wikipedia.org/wiki/Reflejo_de_inmersi%C3%B3n_mamifero
Un saludo,
E.R.
genial,no olvdeis que estamos nueve meses en un universo de agua!!!
ResponderEliminarMarcos Vecín